Capítulo 2: La Ira de Raigar
El camino de regreso fue amargo. Mientras las cigarras de Hormitrópolis se adaptaban a su nueva vida, el Príncipe Irga avanzaba hacia el Secarral cargado con una verdad que no podía aceptar. No volvía solo con noticias: volvía con la convicción de que la corona había sido humillada.

El Rey Raigar, incapaz de esperar en el castillo, salió al encuentro de su hijo en su carruaje real. Quería oír la verdad cuanto antes. Y fue en la soledad del camino, lejos de cualquier oído ajeno, donde padre e hijo enfrentaron por fin lo ocurrido más allá de las montañas.
El Paso por la Montaña Negra
Irga relató la travesía por cuevas, estalactitas y pasadizos olvidados hasta alcanzar un valle verde, un territorio opuesto en todo al Secarral. Allí había encontrado a la tribu perdida de las cigarras cantaoras y bailaoras.
—¿Viven con las hormigas? —estalló Raigar—. ¿Qué clase de despropósito es ese?
Irga le explicó entonces el pacto secreto: un antiguo sistema de intercambio en el que las cigarras entregaban savia y las hormigas ofrecían protección, alimento y refugio. Pero ni el Príncipe ni su padre veían en ello una alianza legítima. Para ambos, aquellas cigarras habían renunciado a su linaje a cambio de seguridad.
«Viven en abundancia mientras yo, su rey, sigo gobernando un reino de escasez. ¡Eso es una traición!»
La Semilla de la Venganza
La indignación de Raigar crecía con cada palabra. No le hería solo la existencia de Hormitrópolis, sino todo lo que esa ciudad representaba: orden, riqueza, estabilidad… y un poder que había prosperado durante siglos sin inclinarse ante él.
De pronto, el descubrimiento dejó de ser una revelación y se convirtió en un objetivo. Para Raigar, aquellas cigarras no eran libres: eran súbditas rebeldes. Y las hormigas no eran aliadas: eran culpables de haberlo dejado al margen de un mundo que, según él, debía pertenecerle.
Con el rostro encendido por la ira, el rey regresó al castillo decidido a actuar. La herida de su orgullo acababa de sembrar algo mucho más peligroso que el resentimiento: una voluntad de castigo.
La tormenta se gesta
Continuará
Raigar ya conoce la verdad sobre Hormitrópolis y la herida de su orgullo acaba de abrir un conflicto mayor. La siguiente parte de la crónica queda pendiente de continuación.
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