Capítulo 8: La Traición
La sospecha se había convertido ya en acusación. Después de la fiesta del reencuentro, el Príncipe Cigarra no veía alivio ni gratitud, sino una ofensa intolerable contra la corona de su padre, el Rey Cigarra.
El Ultimátum Real
Reunido en secreto en los establos, el Príncipe se dirigió a su comunidad con una dureza que nada tenía que ver con la aparente torpeza de sus días como “Cigarra Boba”. Para él, el pacto oculto con las hormigas no era una salida, sino una traición.
—Un acuerdo sellado a espaldas del Rey solo puede recibir un nombre: traición —sentenció—. Debemos abandonar Hormitrópolis y regresar al palacio para que mi padre imponga el castigo que estas hormigas merecen.
Pero muchas de las cigarras que llevaban tiempo integradas en la ciudad no compartían su furia. Para ellas, Hormitrópolis no era una prisión, sino un refugio donde el trabajo, el canto y la seguridad podían convivir.

La Voz de la Sabiduría
Fue entonces una cigarra anciana quien dio un paso al frente. Su voz no tembló.
—Sin este pacto, muchas habríamos muerto hace ya mucho tiempo. En este mundo, cada especie cumple una función. Aquí me siento útil, protegida y en paz. No lo llamo traición. Lo llamo supervivencia. Yo me quedo con las hormigas.
El Príncipe, fuera de sí, lanzó su última orden: al día siguiente, a las doce, abandonaría la ciudad. Quien no lo siguiera sería tratado como un paria. La decisión quedó suspendida sobre todas como una amenaza: obedecer a la corona lejana o permanecer en el único hogar seguro que muchas habían conocido.
«Debían elegir entre la obediencia al Rey y la seguridad de sus propias vidas.»
El final de un viaje
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