Capítulo 7: El Pacto

A la mañana siguiente, tras una noche de desconcierto y vigilias, cigarras y hormigas fueron conducidas a una gran explanada. Allí, sobre un atril elevado y rodeada por el gobierno de Hormitrópolis, aguardaba la Hormiga Presidenta.

La Revelación de la Presidenta

—Cigarras y hormigas —comenzó la Presidenta—. Estamos aquí para agradecer al Príncipe su valentía, aunque haya llegado hasta nosotros creyendo que venía a combatir. Ha llegado el momento de que conozcáis la verdad sobre el pacto entre cigarras y hormigas que ha regido este valle durante generaciones.

Ante el silencio de los presentes, la Presidenta explicó que el intercambio no era una condena, sino una integración pactada desde antiguo. Mientras las cigarras perforaban los tallos y hacían posible la recolección de la savia, las hormigas la refinaban, la almacenaban y sostenían la estructura de una ciudad capaz de ofrecer protección, alimento y cuidados a quienes no podían resistir por sí solos la dureza del invierno.

Reunión en la explanada de Hormitrópolis entre cigarras y hormigas
La Hormiga Presidenta expone públicamente la verdad del pacto.

Celebración y Orgullo Herido

La tensión empezó a romperse cuando las cigarras del parche rojo aparecieron sanas y salvas. Muchas corrieron a abrazarlas, todavía incapaces de creer que siguieran vivas.

Entonces se les ofreció a todas una elección clara: regresar a la superficie y afrontar por su cuenta la crudeza del invierno, o permanecer en Hormitrópolis bajo las leyes de una ciudad organizada, protegida y próspera.

Pero mientras la mayoría celebraba entre comida, alivio y canciones, el Príncipe Cigarra permaneció en silencio. Para él, aquello no era un pacto justo, sino una humillación. No veía en Hormitrópolis un refugio, sino una amenaza contra la soberanía de su estirpe y contra la autoridad de su padre, el Rey Cigarra.

«Su padre no perdonaría nunca aquella paz que olía a rendición.»
monti
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