Capítulo 1: El Reino del Secarral

Para comprender el carácter de las cigarras, primero hay que mirar su tierra. Lejos del frescor de Hormitrópolis, más allá de las montañas de nieves perpetuas, se extiende el Secarral: un territorio áspero de arena, calor y escasa sombra, donde la vida se endurece bajo un sol implacable.

El Rey Raigar en su trono del Secarral
Raigar, el monarca cuya soledad y ambición marcan el destino del Secarral.

En aquel reino gobierna el Rey Raigar. En otro tiempo fue un soberano cercano, pero los años lo volvieron reservado y sombrío. Encerrado en su castillo, pasa las jornadas entre pergaminos antiguos, obsesionado con una idea que no deja de crecer en su interior: su dominio debería extenderse mucho más allá de las fronteras visibles del Secarral.

El Misterio del Sello Real

Entre legajos protegidos por generaciones, Raigar encontró un tubo sellado con el emblema real. En su interior había dos pergaminos. El primero describía una antigua expedición hacia la Montaña Negra. El segundo, más breve y enigmático, contenía un acertijo que ninguno de los sabios del reino había logrado descifrar.

Aquel hallazgo alimentó aún más su obsesión. Convencido de que esos documentos escondían la clave de un poder perdido y de un linaje disperso por el mundo, Raigar tomó una decisión definitiva: enviar a su hijo, el Príncipe Irga, a seguir las rutas olvidadas del primer pergamino.

Así comenzó el viaje que terminaría cambiando el destino del Secarral y el de Hormitrópolis.

«Raigar estaba convencido de que, en aquellos pergaminos, dormía la verdad sobre un reino mucho mayor del que había heredado.»
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