Capítulo 4: La Vuelta a Casa
Tras una larga y silenciosa caminata, las cigarras del parche negro regresaron por fin a casa y se dirigieron sin demora al almacén para descargar la savia reunida durante la expedición.
Las cigarras soldado trabajaron con esmero, ordenando los depósitos y llenando la sala que durante tanto tiempo había permanecido vacía. Con las reservas aseguradas, el invierno parecía, al menos por un tiempo, bajo control. Sin embargo, ni el Alcalde ni el General se quedaron a supervisar. Ambos se retiraron a sus despachos, cansados, tensos y esquivos.
Las Inquietudes del Mando
—Deberíamos dar algunas explicaciones —sugirió el Alcalde, sin atreverse a levantar la vista—. La comunidad querrá saber dónde están sus compañeras del parche rojo.
—No se preocupe, Alcalde. Avisaré a Pregonera. Usted vaya a descansar —respondió el General con voz firme, aunque la inquietud ya empezaba a extenderse por toda la sala.

La Verdad Revelada
Ante una audiencia cada vez más agitada, el Alcalde trató de calmar los ánimos.
—La subsistencia está garantizada un año más…
Pero una voz firme desde el fondo interrumpió el discurso.
—¿Y nuestras compañeras? ¡Queremos saber qué ha sido de los parches rojos! —exigió la Cigarra Boba.
El General tomó entonces la palabra.
—Cayeron en una emboscada a las puertas de Hormitrópolis. Quedaron sepultadas para siempre.
Pero Cigarra Boba avanzó hacia el púlpito con una autoridad que nadie le había visto hasta entonces.
—Eso no es verdad. Mírelas, General. Dígales la verdad o lo haré yo personalmente. Dese prisa, porque, como solemos decir, el tiempo es grano.
«¿Está usted dispuesto a decir la verdad o no?»
El General y el Alcalde intercambiaron una mirada de pánico mientras un murmullo creciente se extendía por toda la sala. El secreto que habían protegido durante tanto tiempo estaba a punto de romperse delante de todos.
¿Quién es realmente Boba?
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