Capítulo 1: La Llamada del Invierno
Apenas comenzaba a anunciarse el invierno de las cigarras, las hormigas ya se recogían en la seguridad del hormiguero, dispuestas a pasar los meses de frío bajo la protección de la tierra.
El panorama de las cigarras, en cambio, era muy distinto. Los campos estaban sin grano y sus despensas, vacías. Parecía imposible resistir hasta el deshielo. Una vez más, tendrían que tomar medidas urgentes.
La Reunión de las Cigarras
—¡Reunión, reunión! —gritaba la cigarra Pregonera.
Una a una, las cigarras se dirigieron hacia la sala principal, donde las esperaba el Alcalde, vestido de gala y apoyado en su bastón de mando, símbolo de una autoridad que jamás soltaba.

—¿Qué veis? —preguntó el Alcalde, recorriendo con la mirada a la multitud.
—Nada… —respondieron algunas.
—Ese es el problema. Esta sala debería estar llena de alimento, y está vacía. Nuestras espías han traído noticias de Hormitrópolis: allí las despensas rebosan de grano.
La Propuesta Desesperada
El murmullo de inquietud se apagó de golpe con la llegada de la cigarra General. Con gesto severo y el cuerpo marcado por antiguas cicatrices, avanzó hasta el púlpito y apartó al Alcalde sin decir una palabra.
—¡Cigarras! —tronó su voz en toda la sala—. El invierno se acerca demasiado rápido, y solo queda una salida. Exigirá sacrificio, valor y decisión. Debemos asaltar Hormitrópolis y saquear sus despensas.
Varios gritos ahogados recorrieron la estancia. El miedo al ejército de las hormigas era real, pero el General no pensaba ceder.
—¿Preferís morir de hambre o luchar por vuestra supervivencia? —clamó con vehemencia.
—¡No! —respondieron todas al unísono—. ¡Viva el General!
«Mañana, a las siete, deberéis presentaros aquí para las pruebas de batallón. ¡No lo olvidéis!»
El conflicto escala
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