Prólogo: La Magia del Valle del Sol
Lectura recomendada: empieza aquí antes de la Saga I
Si tú, viajero, en una de tus excursiones por la naturaleza, llegas al Valle del Sol, creerás haber encontrado un lugar sereno, hermoso y casi intacto. Verás un valle verde tendido entre laderas altas, separado por un riachuelo de aguas claras que avanza en silencio entre la hierba y las piedras.
Pero no te confundas. El Valle del Sol no es solo un paisaje hermoso. También guarda uno de los secretos más antiguos de este mundo.

Si en lugar de seguir la corriente del agua alzas la vista hacia el bosque en la hora del ocaso, distinguirás una roca negra que sobresale entre las hayas con una forma imposible de confundir. Todos la conocen como La Silla del Diablo.
La Leyenda de La Silla del Diablo
Los habitantes de las aldeas cercanas cuentan que, hace mucho tiempo, algunos hombres trataron de subir hasta esa piedra en busca del metal de los rayos. La leyenda decía que quien lograra forjar una espada con ese metal obtendría un arma invencible.
Pero, que se sepa, nadie encontró jamás ese metal. Con los años, el bosque fue cerrándose a su alrededor hasta convertir la roca en un lugar casi inaccesible, más nombrado que conocido, más temido que visitado.
El Secreto de Hormitrópolis
Y aun así, incluso si hubieras llegado hasta allí, apenas habrías visto nada. Porque el verdadero secreto no está en la roca, sino bajo ella.
Al pie de La Silla del Diablo hay un pequeño talud de lajas quebradas, una vieja haya inclinada hacia el barranco y, entre raíces, hojas secas y piedras desprendidas, un agujero oscuro que casi nadie mira dos veces.
Sin embargo, al pasar por alto esa diminuta abertura, estarías cometiendo un gran error. Porque esa grieta escondida es la entrada a Hormitrópolis, la ciudad de las hormigas.
«…Y cuando llegó el invierno, la cigarra aterida de frío y sin alimento, se acercó a casa de la hormiga…»
Todos los humanos conocéis esa historia y casi todos la aceptáis como verdadera. Pero no lo es. Esa fábula no cuenta lo que ocurrió de verdad entre cigarras y hormigas.
La verdadera historia fue mucho más dura. Y si vas a entrar en Hormitrópolis, debes conocerla desde el principio.


